La RSCE recuerda que el bienestar de un perro no depende del tamaño de la vivienda, sino de que reciba suficiente ejercicio, estimulación mental y tiempo al aire libre.
El 66% de los españoles vive en pisos, mientras que un 14% reside en viviendas de 60 metros cuadrados o menos. Al mismo tiempo, los perros de razas grandes recuperan terreno entre las preferencias de las familias. Ante esta realidad, la Real Sociedad Canina de España (RSCE) recuerda que el tamaño de la vivienda, por sí solo, no determina el bienestar de un perro.
La organización explica que, cuando el espacio disponible es reducido, es fundamental compensarlo con más paseos, ejercicio físico y estimulación mental. Estas rutinas permiten cubrir las necesidades del animal y favorecer su equilibrio físico y emocional.
Cada vez hay más viviendas pequeñas
La reducción del tamaño de las viviendas se ha intensificado durante la última década. Los minipisos de hasta 30 metros cuadrados se han triplicado y ya superan las 167.000 unidades entre Madrid y Barcelona, una tendencia impulsada, entre otros factores, por el incremento del precio de la vivienda.
Este cambio en la forma de habitar contrasta con la evolución de las preferencias de los propietarios de perros. Según los últimos datos del Libro de Orígenes Español (LOE) y del Registro de Razas Caninas (RRC) de la RSCE, las razas de mayor tamaño vuelven a ganar protagonismo.
El Setter Inglés encabeza las inscripciones, mientras que el Pastor Alemán y el Golden Retriever continúan situándose entre las razas más demandadas en España.
Un perro grande puede vivir en un piso pequeño
La RSCE insiste en que no existe una relación directa entre el tamaño del perro y los metros cuadrados de la vivienda. Un ejemplar de raza grande puede adaptarse perfectamente a un piso pequeño siempre que sus necesidades diarias estén cubiertas.
En estos casos, la organización recomienda aumentar la duración y la frecuencia de los paseos, adaptar el ejercicio a la edad y condición física del perro e incorporar actividades de estimulación mental, como juegos de olfato, búsqueda de objetos, aprendizaje de nuevas órdenes o juguetes interactivos.
Estas actividades ayudan a prevenir el sedentarismo, el estrés, la ansiedad y determinadas conductas destructivas. Además, favorecen una buena condición física, mejoran el equilibrio emocional del animal y fortalecen el vínculo con su familia.
Elegir un perro según el estilo de vida
La RSCE recuerda que el tamaño no debería ser el principal criterio al elegir un perro. Antes de tomar una decisión conviene valorar el nivel de actividad de la familia, el tiempo disponible para paseos y cuidados, el temperamento del animal, su edad y las características propias de cada raza.
Según José Miguel Doval, presidente de la RSCE: «El tamaño de la vivienda no determina por sí solo el bienestar de un perro. Un ejemplar grande puede vivir perfectamente en un piso si se atienden sus necesidades, mientras que uno pequeño puede sufrir estrés o sedentarismo si no realiza suficiente actividad. Lo importante es conocer las características de cada raza y adaptar los paseos, el ejercicio y la convivencia diaria.»
También las razas pequeñas necesitan actividad
Aunque algunas razas de menor tamaño, como el Caniche, el Teckel, el Schnauzer Miniatura, el Spitz Alemán o el Chihuahua, pueden desenvolverse con mayor facilidad en viviendas reducidas, todas necesitan ejercicio diario, estimulación mental, contacto social y tiempo al aire libre para mantener un buen estado físico y emocional.
Para la RSCE, el verdadero bienestar de un perro no depende de los metros cuadrados de la vivienda, sino del compromiso de sus propietarios para proporcionarle una vida activa, enriquecida y adaptada a sus necesidades.
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