Caniches, Schnauzer Miniatura y Teckel, entre las razas con mayor predisposición a la hipertensión canina

La RSCE recuerda que la obesidad, la edad avanzada y algunas enfermedades de base elevan el riesgo y subraya la importancia del control veterinario periódico

La hipertensión canina es una patología silenciosa que puede provocar daños en órganos vitales como riñones, ojos, cerebro y sistema cardiovascular

Caniches, Schnauzer Miniatura y Teckel figuran entre las razas que, por su mayor predisposición a determinadas enfermedades endocrinas, renales o metabólicas, pueden presentar un riesgo incrementado de desarrollar hipertensión arterial secundaria. La Real Sociedad Canina de España (RSCE) advierte de que esta patología, frecuente especialmente en perros mayores, con obesidad o con enfermedades subyacentes, puede evolucionar de forma silenciosa durante largos periodos sin signos clínicos evidentes.

La hipertensión arterial en el perro no suele considerarse una enfermedad primaria, sino una consecuencia asociada a procesos como la enfermedad renal crónica, el hiperadrenocorticismo (síndrome de Cushing) o la diabetes mellitus. En estos casos, el aumento sostenido de la presión arterial puede producir lesiones progresivas en órganos diana como el riñón, la retina, el cerebro o el sistema cardiovascular, incluso cuando el animal aparenta encontrarse clínicamente estable.

La RSCE recuerda que se trata de una patología infradiagnosticada en la clínica veterinaria de rutina, precisamente por su carácter silencioso, lo que hace especialmente relevante su detección precoz en animales de riesgo o en revisiones geriátricas.

Con la llegada de las revisiones preventivas asociadas a la medicina veterinaria del paciente senior, los especialistas insisten en que la medición de la presión arterial debería integrarse de forma habitual en el seguimiento de perros mayores o con patologías crónicas, aunque no presenten síntomas aparentes.

Para diagnosticarla, el veterinario puede medir la presión arterial mediante técnicas no invasivas como la oscilometría o el método Doppler, herramientas de uso clínico habitual que permiten confirmar el diagnóstico, evaluar la gravedad y establecer el seguimiento más adecuado.

El objetivo del tratamiento es reducir de forma controlada y progresiva la presión arterial y, en paralelo, abordar la enfermedad subyacente cuando exista. Esto puede requerir tratamiento farmacológico antihipertensivo, ajustes en el manejo clínico y controles periódicos para valorar la evolución del paciente.

La hipertensión no es una enfermedad exclusiva de perros mayores

La RSCE recuerda que, aunque la hipertensión es más frecuente en animales sénior, no es exclusiva de la edad avanzada. Puede aparecer en cualquier etapa de la vida si existen enfermedades subyacentes que alteren el equilibrio cardiovascular o renal, por lo que la vigilancia clínica debe adaptarse al riesgo individual del animal.

Según la Comisión Científica de la Real Sociedad Canina de España, la identificación de factores predisponentes y el seguimiento veterinario regular son esenciales para evitar complicaciones graves asociadas a esta patología.

Según Ana Prats, miembro de la Comisión Científica de la RSCE, “la hipertensión canina es un problema poco visible para muchos propietarios, pero con consecuencias muy serias si no se detecta a tiempo. Igual que prestamos atención al peso, a la alimentación o al ejercicio, debemos normalizar las revisiones veterinarias periódicas, sobre todo en perros mayores o con patologías previas, para prevenir complicaciones, ajustar el tratamiento y garantizar el bienestar del perro a largo plazo”.

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